No, sus ojos no lo están engañando – la aguas en realidad han sido partidas!
Este increíble puente hundido localizado en Holanda le está dando a los
visitantes una forma única de tener acceso a un fuerte holandés del siglo XVII.
Diseñado por RO & AD Architects, El Puente Moisés literalmente parte las
aguas que rodean el fuerte, lo cual le permite a los peatones pasar por el
medio. El Puente esta hecho de Madera Accoya la cual tiene certificaciones FSC
y PEFC.
Una serie de fosos y fortalezas fueron construidos sobre el borde de las aguas
en la región de West Brabant en Holanda durante el siglo XVII para poder
ofrecerle protección de invasiones francesas y españolas. Fort de Roovere fue
rodeado con un foso no muy hondo el cual era muy profundo como para marchar por
él, y muy superficial para los botes. Pero en cambio, el Fuerte Earthen permaneció
protegido –hasta ahora.
Desde lejos, El Puente Moisés es invisible a la vista. El flujo del foso parece
continuo, ya que el borde del agua permanece a la misma altura, reflejando la
vegetación alrededor. A medida que los visitantes se acercan al fuerte, el
Puente aparece como un corte en el agua con sus paredes inclinadas
conteniéndolo.
Primero permaneciendo a nivel con el suelo, el Puente luego desciende más
profundamente en el terreno. Protegido con recubrimiento en madera, el piso y
las escaleras en medio. Los lados del puente están hechos de Accoya, y una
Madera fuerte es usada para los pisos. La madera de Accoya para por un proceso
de modificación no toxico que ayuda a prevenir la pudrición por hongos y
aumenta su durabilidad, lo cual lo convierten en un material optimo para un
puente sumergido.
Como una represa, las paredes del puente retienen las aguas del foso, y
como Moisés, el puente parte las aguas para que los peatones puedan pasar.
El Puente Moisés le da a los visitantes una oportunidad única de pasar a
través de aguas divididas para momentos más tarde visitar un fuerte
militar histórico defensivo.
"Los jóvenes acuden a la universidad, quieren ser arquitectos o arquitectas, quieren averiguar si poseen las cualidades para ello. ¿Qué es lo primero que se les transmite?
Lo primero que se les ha de explicar es que no se encontrarán con ningún maestro que plantee preguntas ante las cuales él sepa de antemano la respuesta. Hacer arquitectura significa plantearse uno mismo preguntas, significa hallar, con el apoyo de los profesores, una respuesta propia mediante una serie de aproximaciones y movimientos circulares.
Una y otra vez.
La fuerza de un buen proyecto reside en nosotros mismos y en nuestra capacidad de percibir el mundo con sentimiento y razón.
Un buen proyecto arquitectónico es sensorial. Un buen proyecto arquitectónico es racional.
Antes de conocer siquiera la palabra arquitectura, todos nosotros ya la hemos vivido. Las raíces de nuestra comprensión de la arquitectura residen en nuestras primeras experiencias arquitectónicas: nuestra habitación, nuestra casa, nuestra calle, nuestra aldea, nuestra ciudad y nuestro paisaje son cosas que hemos experimentado antes y que después vamos comparando con los paisajes, las ciudades y las casas que se fueron añadiendo a nuestra experiencia. Las raíces de nuestro entendimiento de la arquitectura están en nuestra infancia, en nuestra juventud: residen en nuestra biografía.
Los estudiantes deben aprender a trabajar conscientemente con sus vivencias personales y biográficas de la arquitectura, que son la base de sus proyectos. Los proyectos se abordan de manera que pongan en marcha todo ese proceso.
Nos preguntamos qué es lo que entonces nos gustó, nos impresionó, nos conmovió en esa casa, en esa ciudad, y por qué. Cómo estaba dispuesto el espacio, el lugar, qué aspecto tenía, qué olor había en el ambiente, cómo sonaban mis pasos, cómo resonaba mi voz, cómo sentía el suelo bajo mis pies, el picaporte en mi mano, cómo era la luz sobre las fachadas, el brillo de las paredes. ¿Era una sensación de estrechez o de amplitud, de intimidad o vastedad?
Pavimentos de listones de madera como ligeras membranas, pesadas masas pétreas, telas suaves, granito pulido, cuero delicado, acero rudo, caoba bruñida, vidrio cristalino, asfalto blando recalentado por el sol; he aquí los materiales de los arquitectos, nuestros materiales. Los conocemos a todos ellos y, sin embargo, no los conocemos.
Para proyectar, para inventar arquitecturas, debemos aprender a tratarlos de una forma consciente. Eso es un trabajo de investigación; eso es un trabajo de rememoración.
La arquitectura es siempre una materia concreta; no es abstracta, sino concreta. Un proyecto sobre el papel no es arquitectura, sino únicamente una representación más o menos defectuosa de lo que es la arquitectura, comparable con las notas musicales.
La música precisa de su ejecución. La arquitectura necesita ser ejecutada. Luego surge el cuerpo, que es siempre algo sensorial.
Pensar en imágenes al proyectar algo entraña siempre pensar en la totalidad. Pues, por su naturaleza, la imagen muestra siempre la estructura total del sector de la realidad imaginada objeto de consideración, como, por ejemplo, la pared y el suelo, el techo y los materiales, la atmósfera luminosa y la tonalidad de un espacio.
E incluso, igual que en el cine, vemos todos los detalles en la transición del suelo a la pared y de la pared a la ventana.
Es evidente que, con frecuencia, estos elementos no están ahí al comenzar un proyecto, cuando intentamos hacernos una imagen del objeto que estamos pensando. La mayor parte de las veces, la imagen es incompleta al comienzo del proceso del proyecto, de modo que nos esforzamos por volver a concebir y clarificar una y otra vez el tema de nuestro proyecto, a fin de que las partes que faltan encajen en nuestra imagen.
O, dicho de otro modo: proyectamos. La clara y concreta perceptibilidad de las imágenes que representamos nos ayuda a no perdernos en la esterilidad de abstractas hipótesis teóricas, a no perder el contacto con las cualidades de concreción de la arquitectura. Nos ayuda a no enamorarnos de la calidad gráfica de nuestros dibujos y a no confundirla con lo que constituye realmente una cualidad arquitectónica.
Producir imágenes interiores es un proceso natural que todos nosotros conocemos.
Forma parte del pensamiento.
Un pensamiento asociativo, salvaje, libre, ordenado y sistemático en imágenes, imágenes arquitectónicas, espaciales, en color y sensoriales; he aquí mi definición preferida del proyectar. Me gustaría transmitir a los estudiantes que el método adecuado para proyectar es ese pensar en imágenes."