jueves, 11 de octubre de 2012

Flaneur o "espectador urbano"



La figura del flâneur ha sido adoptada también por la arquitectura y el urbanismo para describir a aquellos que, indirecta e involuntariamente, se ven afectados por un diseño particular que solo alcanzar a experimentar mientras pasean. Walter Benjamin empleó el concepto de "espectador urbano" para referirse tanto a su destreza analítica como a todo un estilo de vida. Desde su óptica marxista, Benjamin concibió al flâneur como un producto singular de la vida moderna y la Revolución Industrial, trazando un paralelismo con la figura contemporánea del turista, y describiéndolo como un burgués diletante, distanciado pero enormemente sagaz. Benjamin llegó a convertirse él mismo en paradigma del flâneur, haciendo numerosas observaciones sociales y estéticas durante sus largos y gratos paseos por París. Incluso el título de su obra magna, Los pasajes (Das Passagen-Werk), evoca su gusto por transitar los corredores y las galerías comerciales.
La multitud era el velo tras el cual la ciudad íntima, como una fantasmagoría, hacía señas al flâneur. En ella, la ciudad era ora un paisaje, ora una habitación, y ambos entraron en declive con la construcción de los grandes almacenes, que aprovecharon la propia flânerie para vender su mercancía. El centro comercial asestó el golpe definitivo al flâneur. Con el flâneur, la intelligensia entró en el mercado. Según creyeron, para observarlo —pero en realidad, para hallar comprador. En esta etapa intermedia [...] adoptaron las maneras de la bohemia. A la incertidumbre de su situación económica se sumaría la incertidumbre de su papel político. (Walter Benjamin (1935), «París: la capital del siglo XIX», en Charles Baudelaire: un poeta lírico en la era del gran capitalismo))
En el contexto de la arquitectura y el urbanismo actuales, el diseño para flâneurs es una forma de abordar cuestiones relacionadas con ciertos aspectos psicológicos del entorno de los edificios. El arquitecto Jon Jerde, por ejemplo, tuvo presente este enfoque en el diseño de sus proyectos del Horton Plaza y del Universal CityWalk, planeados con la idea de ofrecer sorpresas, distracciones y otra serie de experiencias a los visitantes.

martes, 9 de octubre de 2012

Equipamiento













http://www.harmansperu.com/refrigeracion.php
htttp://www.paginasamarillas.com.pe/s/equipo+para+hoteles/1/50




Geim y Kostya Novoselov y el grafeno

 










En el año 2010 Andre Geim y Kostya Novoselov recibieron el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de un extraordinario material: el grafeno. Obtenido por primera vez en 2004, el grafeno está formado por una sola capa cuyo espesor es tal que un solo gramo bastaría para cubrir un campo de fútbol. (Mie, 03 Oct 2012)


Su carácter de lámina finísima hace del grafeno el material del futuro, ya que a su condición de ser el mejor conductor de la electricidad conocido, añade su flexibilidad (puede doblarse y enrollarse), su transparencia, su resistencia (mayor que la del acero) y el hecho de que sus residuos no dañen el medioambiente. Al descubrimiento del grafeno se sumó en enero de 2011 el del grafano, mecánicamente semejante al anterior pero con propiedades aislantes extraordinarias.


La primera aplicación de los nuevos materiales ha sido un circuito integrado diseñado por IBM en 2011, un importante ejemplo dentro del campo de sus inagotables usos futuros, que irán desde las primeras células orgánicas fotovoltaicas (desarrolladas ya por la Universidad del Sur de California) hasta las previsibles aplicaciones a la arquitectura, especialmente en el ámbito de los materiales aislantes, como envolventes transparentes de edificios, finas como el papel pero capaces de aislar de manera adecuada. 



grafeno pantalla enrollable Samsung
El Nobel de Física de 2010 es para Andre Geim y Kostya Novoselov, pero bien se puede decir que es para el grafeno. Ellos descubrieron cómo el carbono se presenta de un modo en el que se convierte en el material del futuro. Lo más tangible e inmediato que notaremos es que resolverá los problemaspara alcanzar la llamada conectividad total: que no puedes cargar todo el día con el PC, que tu teléfono tiene la pantalla demasiado pequeña y que la velocidad del procesador no siempre tiene la alegría que quisieras (sobre todo en las conexiones 3G).
Soluciones: tener un portátil de grafeno, un material capaz de convertirse en monitor (porque es transparente) y procesador (diez veces más rápido que el de silicio) a la vez, que se enrolla y se pliega, que es tan irrompible como el diamante ¡y que tiene un solo átomo de grosor! ¿Otro “vaporware”, como llaman a las falsas promesas? No. Samsung, con la ayuda de la Universidad Sungkyunkwa, de Corea del Norte, sacará el año que viene las primeras pantallas enrollables, táctiles y con circuitos invisibles (mira los prototipos en estas páginas).
Los procesadores, que podrían alcanzar una velocidad de cientos de gigaherzios (en silicio, el máximo –no comercial– es de 100 GHz, aunque el PC de tu casa es de 3, como mucho) tardarán un poco más. ¿Por qué? Porque el grafeno es demasiado buen conductor y deja pasar todos los electrones, sin más. El silicio, en cambio, es un semiconductor; es decir, admite que se le “diga” cuándo transmitir corriente y encender los millones de transistores que forman el procesador, y cuándo no. Francisco Guinea, profesor de investigación del Instituto de Ciencia de los Materiales de Madrid (CSIC), ha publicado en Science, junto a tres universidades estadounidenses, cómo variar la conductividad del grafeno deformándolo: “Si aprendemos a guiar los electrones a un lugar concreto, podremos fabricar circuitos. Es la gran diferencia con el silicio: a este le hacen falta contactos metálicos entre las partes del circuito. Pero con el grafeno se puede hacer todo de una sola pieza. Es un avance considerable”. De paso, se aprenderá a doblar las pantallas sin que sufra el funcionamiento.
Así que toda la investigación se centra ahora en aprender a dirigir electrones, y de un modo que pueda reproducir la industria. Porque prototipos de transistores de 100 GHz (IBM, en febrero de 2010) y hasta 300 (la Universidad de California en Los Ángeles, hace pocas semanas) ya hay. Pero no se comercializan, son joyas de laboratorio. El español Tomás Palacios, profesor de Ingeniería Eléctrica y Computación del todopoderoso Massachusetts Institute of Technology (MIT) habla de “controlar la conductividad del grafeno usando dos capas de este material, una encima de otra, y en una orientación determinada”. Así se logra abrir y cerrar el paso de corriente a placer, “y se pueden fabricar excelentes transistores (o interruptores) con él; eso permite su uso en numerosas aplicaciones, incluyendo microprocesadores y células solares”, explica. Y un último método es el llamado “dopaje químico”: añades una sustancia (hidrógeno, oxígeno...) que convierta la plancha de grafeno en aislante (que no conduzca), y quitas esas sustancias solo de las “rutas” por las que quieras que circule la corriente.


Aparte de enrollado, sensible

Pero Palacios y su equipo están trabajando en otras aplicaciones innovadoras: “Ya que el grafeno está formado por una única capa de espesor, los transistores son muy sensibles a cualquier molécula que se deposite en su superficie. Por eso, es un material idóneo para fabricar sensores químicos y biológicos, de ADN, por ejemplo”. Y continúa: “Mi grupo de investigación acaba de fabricar un sensor para detectar hidrógeno, y estamos trabajando en otros detectores de explosivos y células biológicas”. ¿Más? “También estamos diseñando detectores de infrarrojos que permitan la fabricación de cámaras de visión nocturna con una resolución mucho mejor que la de las actuales”, nos cuenta este jefe de investigadores de solo 30 años.
Otra fuente de alegrías va a estar en su capacidad de multiplicar la señal que sea: para entendernos, que cualquier conexión, inalámbrica o no, llegue con toda su potencia a los dispositivos que reciban datos de ella, porque tendrán una especie de “repetidor”. Algunos de estos inventos combinarán la “sensibilidad” del grafeno con la “habilidad” del silicio. Porque todos coinciden en que el material que dio nombre a Silicon Valley lleva 40 años de ventaja en cuanto a industrialización e investigación; así que puede ser un buen complemento del grafeno, más que un competidor.

Cómo forrarse con celofán
Lo curioso es que este nuevo material está por casi todas partes, pero “empaquetado” de un modo en que no se comporta de forma tan espectacular: teníamos carbón (carbono con estructura amorfa), diamantes (estructura cristalina) y grafito (una forma que agrupa láminas de átomos). Pero no teníamos grafeno. Hasta que, en 2004, Andre Geim y Kostya Novoselov, de la Universidad de Manchester (Reino Unido), separaron una sola de esas láminas del modo menos científico jamás visto. Por eso, no es de extrañar que hayan recibido el Nobel de Física 2010.
En su laboratorio, para estudiar el grafito, se pegaba celo sobre la muestra y se arrancaba para quitar las capas superficiales, llenas de impurezas. Pero a Geim se le ocurrió un día mirar esos desechos, y descubrió que algunas veces lograba arrancar separadamente una de las capas de un átomo de grosor que forman el grafito. O sea, obtenía grafeno. Así que Novoselov y él fundaron Graphene Industries y ya no se dedican a conducir electrones en la Universidad, sino coches caros por la calle, que es más divertido.


Hay que ver cómo es

Sí, porque su éxito reside en cómo es, no en lo que es. ¿Y qué es? El grafeno es tan carbono puro como el carbón, el grafito y el diamante. Pero la forma en la que están “ordenados” los átomos cambia enormemente sus propiedades. En el grafeno, los átomos de carbono están dispuestos en forma plana (bidimensional), en orden de panal de abeja. Eso lo convierte en un excelente conductor (eléctrico y térmico), se vuelve casi irrompible, y más flexible que el plástico más deformable.


Y sabe hacer más cosas

Análisis. Tomás Palacios (MIT) quiere “combinar sensores químicos hechos con grafeno, con microprocesadores de silicio, capaces de analizar a tiempo real los resultados de los sensores”. Así es como las pruebas de ADN y tests genéticos (para embarazadas, delitos...) van a ser más sencillos y precisos.

Células solares. El grafeno no solo transmite bien la electricidad, sino que tiene una buenísima conductividad térmica. Así que las placas solares –que aún tardarán unos años– serán mucho más eficientes.

Chalecos antibala. Hoy son sobre todo de poliparafenileno tereftalamida (Kevlar), mezclado con metales ligeros. Pero son pesados, gruesos y poco flexibles. El grafeno, en cambio, es muy fino, y duro como el diamante.
Para ver las características del grafenopincha la imagen:

John Maeda y sus "leyes de la simplicidad"



Las leyes de  la simplicidad, interpretada desde la óptica del gran consumo. El patrón serán las leyes de la simplicidad de John Maeda, un magnífico ejercicio sobre una idea sencilla y potente: en un mundo complejo, menos es más.

1.Reducir: La mejor manera de alcanzar la simplicidad es mediante profunda reducción.

Para cualquier producto de consumo, una persona tiene actualmente decenas de opciones. 30 variedades de cereales son, probablemente, más de las que un consumidor necesita. En medio del caos, la simplicidad aparece como una estrategia casi imprescindible: este consumidor no tiene tiempo de estudiar todas las posibilidades, tiene que captar el mensaje y entender el producto de un vistazo.

La simplicidad aplica en muchos ámbitos: el diseño del propio producto, el packaging, la publicidad, etc. Maeda sugiere una estrategia para buscar esta simplicidad: el modelo SHE (Shrink, Hide, Embody):

  • Reducir el tamaño
  • Esconder: no hace falta que los atributos y funciones del producto estén todos visibles simultáneamente, sino solo cuando el consumidor los necesita
  • Incorporar la calidad en el producto, sin que se vea exteriormente

En el fondo, se trata de evitar la tentación de contar algo por el simple hecho de poder contarlo, de hacer gala de todos los beneficios y atributos del producto (por ejemplo, unas galletas integrales, con Omega3, con vitaminas, sin azúcar, etc.). El posicionamiento está en la mente del consumidor, y éste no hace listas de pros y contras cuando está delante del lineal del supermercado.

2.Organizar. La organización consigue que muchos parezcan pocos.

Agrupar la información simplifica la comprensión y el recuerdo. 30 variedades de cereales quizá sean imposibles de memorizar, pero cinco gamas son más asequibles. Si cada gama de productos tiene un posicionamiento claro y una propuesta de valor diferenciada, el consumidor sabrá distinguirlas y recordarlas. Por ejemplo, Danone ha hecho un gran ejercicio de simplificación al crear las plataformas de Vitalínea, Activia o Danonino (aunque luego tenga cierta tendencia a expandir exageradamente cada gama).

En el lineal de un supermercado, el consumidor busca categorías antes que marcas, así que la buena organización es fundamental: dirige la vista del cliente, simplifica su proceso de decisión y le ayuda a encontrar lo que quiere comprar.

3. Tiempo. El ahorro de tiempo se percibe como simplicidad.

A nadie le gusta esperar; y la frustración de la espera es aún mayor en un momento en que todos tratamos de comprimir en un día decenas de actividades, exprimiendo las horas y correteando de un lado a otro. Para ahorrar tiempo también puede ayudar el modelo SHE: reducir el tiempo (con productos como un GPS que indica la ruta más corta, o un libro de cocina con recetas listas en cinco minutos), esconderlo (entretener a las personas que esperan en una cola con un video), e incorporarlo (indicar el tiempo de lectura en un artículo). El objetivo es doble: reducir el tiempo de espera y hacer esa espera más tolerable.

En el mundo del marketing, la ley del tiempo puede llevar a diseñar productos cuyo beneficio principal es ahorrar tiempo (arroz listo en 3 minutos), a diseñar procesos de compra más rápidos (las listas en los supermercados online), a crear productos autoexplicativos, que se pueden usar desde el primer minuto sin libro de instrucciones (como el iPhone, que literalmente no tiene instrucciones) o a crear campañas promocionales donde el regalo es tiempo (por ejemplo, un servicio de limpieza doméstica).

4.Aprender: El conocimiento lo hace todo más fácil.

Todos nos hemos enfrentado a una tarea que nos parecía muy compleja la primera vez y trivial al cabo de un tiempo. Aprender a conducir es un reto, pero luego se hace de forma automática, casi sin pensar.

Para amar un producto hay que conocerlo, hay que pasar la barrera de la primera cita y llegar al noviazgo lo más rápidamente posible. Educar al consumidor es fundamental para que aprecie la marca, especialmente aquellas con propuestas de valor más premium.

En la innovación de las marcas, a menudo basada en constantes lanzamientos, enseñar es también un punto clave: lo peor que le puede pasar a un producto es que el consumidor no sepa para que sirve, o no sepa que hacer con él.

5. Diferencias: La simplicidad y la complejidad se necesitan.

La simplicidad solo se percibe como contraste de la complejidad. Por eso es cada vez más relevante, porque la complejidad aumenta en todas las áreas de la vida. Lo ideal es encontrar un ritmo que alterne las dos situaciones extrayendo lo mejor de cada una.

Un anuncio sin sonido destaca en un mar de anuncios gritones; una página en blanco de un periódico sobresale entre tanta letra negra; un aparato con un sólo botón sorprende frente a otro con 10 botones; un producto con un sólo beneficio se entiende mejor que uno que pretende ser bueno en todo. Como algunas artes marciales, donde la estrategia consiste en apoyarse en la fuerza del contrincante, la simplicidad se apoya en complejidad de los demás.

 6.Contexto: lo que hay en la periferia de la simplicidad no es periférico.

No se puede simplificar algo solamente centrándose en sus aspectos definitorios; el contexto en el que se sitúa es clave para percibir su simplicidad. Demasiado enfoque es negativo, se ven sólo los árboles y no el bosque.

Al diseñar un producto, no sólo hay que hacerlo sencillo, potente y elegante, sino pensar en como se verá en los dos momentos de la verdad: en el lineal, entre otros muchos productos, y en casa del consumidor.

7. Emoción: más emoción es mejor que menos.

Llenar de emoción un producto puede requerir alejarse de la simplicidad, para introducir nuevos niveles de significado. Hay personas que eligen productos sencillos y minimalistas, como algunos móviles o un iPod, y lo primero que hacen es personalizarlos, con pegatinas, fundas y todo tipo de accesorios. Dotar de sentimiento y emoción a un objeto es una característica muy humana.

Aunque parezca contradecir la ley de reducir, hay algunas cosas donde más es mejor que menos: más cariño, más amor, más intensidad, más significado.

En los últimos años, muchas campañas de marketing se han centrado casi exclusivamente en comunicar emociones, olvidando los aspectos racionales y contando historias extrañas y complejas. El reto es mantener el nivel emocional, aunándolo con un enfoque más simple y directo.

8. Confianza: confiamos en la simplicidad.

Los aparatos  y los servicios que utilizamos son cada vez más complejos, pero para nosotros es irrelevante: confiamos en que harán bien su misión, y los usamos sin tener ni idea de como funcionan. El paradigma es un coche, que casi todo el mundo sabe utilizar pero casi nadie sabe como funciona por dentro.

La simplicidad transmite confianza, y la confianza nos ahorra tiempo y esfuerzo. Las marcas son el paradigma de la confianza, y ese es su mayor valor. No deben confundirse en batallas de precios o perderse en innovaciones innecesarias.

Para las marcas de servicios, la confianza es especialmente relevante, ya que al no existir un objeto físico es lo único que garantiza la calidad al cliente. En gran consumo, las marcas que consigan aprender de un cliente y simplificar sus decisiones tendrán mucho ganado.

9.Fracaso: algunas cosas no se pueden simplificar.

A pesar de la enorme importancia que le otorgo a la simplicidad, en algunos casos la complejidad es necesaria. Hay temas demasiado difíciles, llenos de matices y detalles que no pueden ser explicados de un plumazo. Sin embargo, las personas rechazan cada vez más un enfoque complejo (leer un párrafo de más de 6 líneas, memorizar algo que no puedo aprender de un vistazo, etc.). El resultado es que la simplicidad se convierte en simplismo, se cae en lugares comunes y cualquier cosa se acaba pareciendo a muchas otras.

Cuando una marca tiene un producto suficientemente bueno y diferente, no debe tener miedo de explicar su complejidad, si es necesario para apreciar su valor. Hay que darle un voto de confianza a los consumidores, y tratarlos/tratarnos como seres inteligentes.

10. La Clave: la simplicidad consiste en eliminar lo obvio y añadir lo relevante.

Las diez leyes, resumidas en una. Cualquier campaña de marketing puede aprender de esta ley: eliminar textos absurdos y repetitivos, tópicos mencionados por todas las marcas, guiños que nadie entiende, etc; y añadir mensajes relevantes, que aporten valor al que los escucha, que diferencien de la competencia, que den una buena razón para levantarte de tu silla, ir a la tienda y comprar el producto.

lunes, 8 de octubre de 2012

Dieter Rams "10 principios del buen diseño"





Dieter Rams: 10 principios del buen diseño



El buen diseño es innovador …el desarrollo tecnológico continuamente ofrece nuevas oportunidades para el innovar cada diseño. … por lo tanto carece de limitantes inherentes.
El buen diseño hace útil un producto Si el objetivo primordial de un producto es su utilidad… tomando en cuenta de manera estrictamente secundaria sus aspectos psicológicos y estéticos pero evita toda característica que podría disminuir la utilidad del producto.
El buen diseño es estético El diseño bien ejecutado no carece de belleza.
El buen diseño hace un producto comprensible simplifica la estructura del producto y lo predispone a expresar su función mediante la intuición del usuario.
El buen diseño es discreto Su sobriedad y neutralidad tienen como objetivo el proveer un espacio de expresión para el usuario. Un producto correctamente ejecutado es una herramienta estéticamente atractiva que carece de una identidad ilógicamente indefinida.
El buen diseño es honesto nunca intenta falsificar el auténtico valor e innovación del producto dado.
El buen diseño tiene un valor duradero Toda moda es inherentemente pasajera y subjetiva. La correcta ejecución del buen diseño se ven reflejadas cuando los usuarios tienen la tendencia de atesorar y favorecer aquellos productos bien diseñados.
El buen diseño es consecuente hasta el último detalle nunca deja nada al azar. Cada error es una falta de respeto.
El buen diseño respeta el medio ambiente mediante la conservación de los recursos y la minimización de la contaminación física y visual durante el ciclo de vida del producto.
El buen diseño es diseño en su absoluta mínima expresión su propio paradigma: “Menos, pero con mejor ejecución”… evita lastrarlos torpemente con todo aquello que no es esencial.

Acabados





Materiales






Museo Arte Contemporaneo Amsterdam 2010




Interior/Exterior